miércoles, 28 de noviembre de 2018

Amada mía



Amada mía.
Te amo ante todo y después de todo y no sé si necesito más tiempo para amarte o para dejar que todo se desvanezca.
Hoy no tengo nada mío, todo es tuyo y he de recuperarlo por tu bien y por el mío, por más que crea que tu bien pudiera ser yo, por más que sepa que mi bien eres tú. Porque no puedo dejar de pensar en ti día y noche. Pero es lo que debo si no quiero que de ti me hable todo a todas horas y en lugar de corazón sólo tenga una pena… no haber sido tuya, por tu amor, para siempre.
No tengo vida sin ti y mi cuerpo sin alma se duele por no poder olvidar, porque mis pesares dicen tu nombre y, a pesar de todo, mi amor es cada día más tuyo y menos mío. Te hiciste parte de mi ser y, aunque hoy he de esquivar tu mirada para que no veas mi sentir, debajo de mi piel permanecerás tatuada, entre mis dedos, en mi memoria y en mi alma.
Sigo necesitando tanto tenerte cerca que todo me produce nostalgia de estar contigo por esa distancia que quieres que ponga entre nosotras, porque pasé de sentir que era lo que más querías para ser feliz a ser lo que menos necesitas para serlo.
Seguiré viviendo y respirando tu aire por mucho que sea lo que nos separe y no podré olvidar esos días en los que tenerte de frente y poder abrazarte era el motor de mi vida. Después de haber alimentado mis ilusiones y mis anhelos de ser feliz sólo a tu lado y de pedir a Dios que me permitiera estar contigo para siempre, después de haberme abandonado, sigo sin necesitar razones para amarte.
Completaste mi media alma siendo mi ángel y, siendo el remanso de amor en el que quise quedarme por toda la eternidad, esa media vida que a todos nos falta, fuiste destinataria de mi amor siendo mi flaqueza y, sin haber podido aún acariciar cada poro de tu piel, creí que no podíamos cosechar más que felicidad navegando juntas.
Por ponerte en mi camino doy gracias a la vida y he de bendecir el amor que nació de nosotras para no desfallecer más ante mi soledad, que sólo será el leve precio para tu felicidad. Y lloraré como sólo un ser enamorado sabe llorar cuando sus abrazos no han de ser correspondidos porque mi mayor miedo era perderte si no eras tú y ese ha sido mi pago, porque acepté, presa del amor que me brindaste.
Gracias amor por toda una vida, corta vida, de luz.

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