
Paso a paso por aquel largo pasillo se tambaleaba de un lado a otro como ebrio de alcohol. Aquella puerta del fondo cada vez le parecía mas lejana y a cada centímetro que avanzaba, a cada palmo ganado a la distancia, era un ciento hasta el dintel. Era su espalda la que reflejaba la oscuridad, sus manos las que dejaban aquellas marcas en las paredes, sus ojos la fuente de esas diminutas luces que no dejaban de moverse, y la puerta, su única salida, se empeñaba en parecer a cada minuto mas pequeña. Y el techo cada vez más cerca.
