lunes, 17 de diciembre de 2018

MININO



Llegó a casa tan pequeño que haciendo cuna con la palma de las manos le sobraba sitio. Su madre había muerto en una cuneta y él no creo que tuviera más que lo justo para salir de la gatera. Llegó envuelto en una toalla, comidito de pulgas y con más hambre que un caracol en un cristal.
Es “pequeño, peludo, suave” como Platero, gris atigrado dice su cartilla, pelo corto, romano… que es casi igual que callejero, sin raza definida. Es común, normal, con poco de especial… como yo.
Intenté buscarle un dueño, incluso llamé a la Protectora donde me dijeron que si lo acogían sería para sacrificarlo. Y no pude. No pude y me lo quedé.
No podía subir los escalones para seguirme y maullaba hasta que lo cogía y lo llevaba conmigo. Me seguía a todas partes hasta que entendió lo qué era, un gato, y se dedicó a retozar y dormir, dormir y comer. En cuanto su tamaño se lo permitió, y desde entonces, sube a mi almohada cada noche y se enreda en mi pelo, o esconde su nariz en mi cuello hasta que, entre ronroneo y ronroneo, ambos dormimos.
He de reconocer que no me esforcé mucho en buscarle un nombre. Mientras no pensaba quedármelo lo llamaba gato, minino, oye tú… y él, pobre mío, respondía. Minino es el nombre que consta.
Ha sido mi compañero, mi único compañero fiel durante los últimos dieciocho años… mucho para  la vida de un minino y una rareza en eso de la fidelidad hacia mí.
Ahora está muy enfermo. Además de los años una enfermedad está acabando con él, lo está deteriorando hasta el punto que su veterinario, incluso con un tratamiento fuerte, no da muchas esperanzas para su calidad de vida. En tres días ha perdido 250 gramos más de los pocos 2 kilos que tenía. En unos días posiblemente, seguramente, tendré que hacer que se marche. Un pinchacito de nada y Minino dejará de arrullarme por las noches, dejaré de llamarlo cuando llego de la calle y dejará de venir a acariciarme la cara, dejará de ser mi compañero, dejará de vivir.
Él ha aliviado muchos de mis malos días y no puedo consentir que ahora sufra porque no quiero que deje de acompañarme.  No sería justo si lo hiciera. No soy tan egoísta. Tendremos que decirnos hasta pronto.

Bombones amargos



Ni tan siquiera el chocolate pudo endulzar el amargor de las lágrimas que resbalaban por mis mejillas y que a veces se mezclaban con ellos en el interior de mi boca. Bombones amargos que sabían a sal, a dolor, mientras mi rostro se confundía con la oscuridad y mi alma se escondía en el último rincón abrazada a su soledad y a su desamor para que le fueran de compañía.

Dichoso Bécquer… Cuántos pájaros metió en nuestras cabezas cuando teníamos quince años!

“Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… yo no sé
qué te diera por un beso”.

Me despertaron de un sueño para dejarme morir.

Malditos bombones amargos!

domingo, 16 de diciembre de 2018

Bombones y Cava II



Hoy es día para celebrar una vida corta, mi corta vida, por mi beso robado.
Unas velas, una caja de bombones, una botella de cava y dos copas. Comeré el chocolate con suavidad, con pequeños mordiscos, y el cava frio, a sorbos, sin discursos ni felicitaciones. Brindaré por mi suerte con una copa que estará vacía. Salud!
Cerrando los ojos quizás sentiré como un suave beso bajó por mi cuello hasta mi hombro y se asentó en mi clavícula para dormir ahí y ser para siempre un beso claviculado.

sábado, 15 de diciembre de 2018

¿...?



“Contigo, yo soy yo de verdad” decía.
¿Quién será ahora que decidió marchar?

“Atada a dos cadenas no sé cuál tirará más de mí”.
¿Qué cadena dejó romper?

“No sé qué parte de ti destrozaré”.
¿Qué diría si supiera que las ha hecho añicos todas?

"Doy todo, no miento, no soy infiel"
¿No me amó, me mintió, me fue infiel?
“Sé que contigo puedo ser muy feliz”
Yo sin ella no. Espero que ella sí.

viernes, 14 de diciembre de 2018

VACÍA



¿Vacía?
Vacía porque sus manos no están entre las mías,
vacía si mis ojos no se pueden mirar en los suyos
vacía porque su ser forma parte del mío.

Vacía de sentir que la abrazo en la distancia,
vacía porque no roza mi espalda o besa mi frente,
vacía porque falta en mi vida.

Vacía si no me imagina, vacía si no la sueño,
vacía si no la tengo cerca y si pienso su nombre,
vacía porque no me tiene, porque no la tengo.

Vacía porque porque encontró otro refugio,
vacía porque yo ni vivo ni encuentro la calma,
vacía porque no quiero pensar...
¿Dónde la perdí?