viernes, 21 de marzo de 2008

En Semana Santa



El cielo de mi tierra está llorando. Llora lágrimas amargas que supondrán buenas cosechas para unos y la noche más triste del año para otros.

Lo sabíamos y no queríamos creerlo… hasta el último momento hemos confiado en que se produciría el ansiado milagro… pero parece que no ha sido así. Ese cielo que esta mañana prometía una noche llena de emociones se ha cerrado, como una losa gris y fría, para acabar con todas las ilusiones depositadas en un solo día del año. Todo el trabajo, el ahínco, el esfuerzo… todo queda ahogado por una lluvia que, aunque necesaria, es inoportuna.

Y aunque dentro de veinte años esto no pase de ser una mera anécdota, hoy será, si Dios no lo remedia, un motivo de inmensa tristeza.

Lo siento por todos aquellos que han estado todo el año preparando este día, soñando este día…por todos los que esperaban llevar sobre sus hombros, por unas horas, el orgullo de sus Titulares… por todas esas promesas que deberán esperar al año que viene…

Sé que ni toda la negrura del cielo, ni toda la lluvia que pudiera caer, se pueden comparar con la pesadumbre que van a sentir, ni con las lágrimas que van a derramar, todos esos cofrades que verán como sus sueños no se harán realidad, porque no hay, para un cofrade de verdad, mayor tristeza que la de ver como sus imágenes se quedan en la Iglesia, en la Casa Hermandad o bajo un “tinglao”.

Y de nada vale en estos momentos decir “el año que viene será” porque no hay palabras que consuelen. Ni siquiera saber que Dios, en su infinita sabiduría, ha de tener motivos para permitir que esto ocurra, porque sólo Él sabe de Sus prioridades.

Sólo queda mirar al cielo y rezar para que descarguen las nubes su lluvia reparadora y la noche deje paso a esa eterna hilera de velas que servirán de guía en su caminar a Nuestro Señor y a Su Madre por las calles de esta Andalucía nuestra.





Padre nuestro…
que eres Nazareno, Cautivo y Crucificado.
Madre nuestra…
de los Dolores, de la Salud y de la Esperanza.
en Vuestras manos esta nuestra vida
en Vuestras manos dejamos nuestras ilusiones.