domingo, 29 de noviembre de 2009

Ensayo

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Acababa de llegar a casa. Estaba cansada, le dolía la espalda (esa silla de la oficina… debería pedir que se la cambiaran...). Como si de un fardo se tratase, cayó en la primera silla que encontró; se descalzó y el frío del suelo se convirtió en un buen amigo… ¡qué alivio!... ya no aguanta esos tacones… se esta haciendo mayor… mañana cumplirá cincuenta y cinco años
Entra al baño y abre el grifo del agua caliente… esta vez llenará la bañera… una buena dosis de gel y un puñado de sal le hará bien. La toalla, la crema, las zapatillas… todo a mano. La radio… ¿Dónde la habrá puesto?... allí… una música suave. Y una vela… hoy encenderá una vela con olor a romero.
Una sola horquilla sujeta su pelo (era de mamá… pobrecita… le tenía cariño). Habrá de ajustar este botón de la blusa… cualquier día se suelta.
“¡Hola mi querida amiga!”... frente a un gran espejo que, además de la luz de la vela, refleja un rostro que, cada día, se le antoja más extraño… “cada día tienes más blanco el pelo”… “¡Vaya!... tendrás que cuidar ese cuello… a lo mejor encuentras algo que pueda arreglarlo… Mañana te buscaré ese pañuelo que me regalaron el año pasado”… “Menuda señal te ha dejado hoy el cinturón… deberías hacerte con otro… mejor no lo uses más”…
Se sumerge en dos palmos de espuma y siente al fondo el agua caliente… quema… relaja… da escalofríos. Mañana es Domingo y, si pudiera, se quedaría ahí toda la noche.
Cierra los ojos; no se escucha a nadie en la calle (por aquí no hay fiestas, ni discotecas, ni parques… esta calle es demasiado estrecha…) huele bien el romero… y parece lejana la música de la radio… ¡qué delicia un baño caliente!...

Sueña…

“Gracias por los bombones”… “No te preocupes, no tiene importancia”…”Me hacía ilusión ¿Cómo lo sabías?”… “No se lo cuentes a nadie”… “Treinta… treinta ya, fíjate… parece que fue ayer”

Ring….Ring… Ring… el teléfono suena y la despierta; siente que el escalofrío ya no es tan cálido… la pequeña vela se derrama en la esquina de la estantería… se envuelve en la toalla lentamente pensando quién la habrá llamado a esas horas; al encontrarse de nuevo con el espejo le dice…”Ya lo sé… no podré hacer como con los treinta… estos sólo los podré cumplir una vez…… y cállate”

7 comentarios:

claudia dijo...

casi igual, casi igual...sólo que no tengo bañera :)
te cuento algo, no se por qué ( o sí) me he quedado en los 31 años, me ha marcado esa edad, y ahi me quedé
pero el tiempo pasa, y una tiene los años que tiene, verdad?

tenés un hermoso modo de escribir, de relatar, uno puede seguir esa descripcion, como si fuera una pelicula :)
besos!
claudia

maile dijo...

Supongo que nos pasa a todos. Yo también tengo algún que otro año cumplido por duplicado y, seguro, que cuando llegue a los cincuenta y cinco, también hablaré con el espejo.
Menos mal que, según dicen, la edad se lleva en el corazón... habrá que agarrarse a eso para compensar los días en los que te sientes como si tuvieses sesenta. Los días de veinte son estupendos.

El próximo año me plantearé volver a cumplir cuarenta... a ver qué pasa.

Besitos mojados Claudia.

arobos dijo...

Lo importante es cumplir años. Lo malo es no cumplirlos.

maile dijo...

Ay cielo... bien... de acuerdo... tienes razón...vale... pero deberían prohibir los espejos...

Hoy estuve a punto de subir y visitar El Bosque,pero no me cuadraron los horarios del autobus. Otra vez será.

Muchos besos aro. Y gracias.

"SUPER" MENDO dijo...

Creo que estoy mejor ahora, a punto de cumplir 39, que cuando tenía 20 años. Lo importante no es cuantos años tienes, sino como te sientes.

Rosna dijo...

Maile san , cuántos años ...35 , 40 0 100 es un dato cronológico , lo importante es tu interno y cada etapa tiene su encanto .
Salud3sssssssssss
Rosna

maile dijo...

Pues yo, que de vez en cuando me encuentro con esa amiga en el espejo, ya le veo alguna arruguita en los ojos, alguna cana que disimula con unas pocas mechas de color y un dolor aquí y un dolor allí. No esta mejor que cuando tenia 20 años.
Lo que pasa es que cuando tenía veinte soñaba con tener treinta y dejar de ser una niña. Hoy con cuarenta(y algunos) se siente bien, mejor que nunca y orgullosa de ser como es..."Divina de la muerte"... y sólo espera cumplir, igual de bien los cincuenta, los sesenta, los setenta... porque todavía hay ocasiones, al menos una al día, en las que se siente (se comporta, sueña, se rie, se admira, se sorprende... ) como una niña.
Y yo... le sigo la corriente y la dejo que haga.

Chic@s.... formamos parte de una buena generación, tengamos la edad que tengamos. Gracias por venir.