Esa es mi prebenda. Y no se trata de algo arbitrario.
Mi calendario marca la salida, incluyendo una cuenta atrás dolorosa y lenta, que se prolonga tanto como tarda en llegar, de nuevo, el recuerdo del martirio del Inocente.
Despliega sus alas haciéndome sentir más suya que nunca, una licencia que pareciera olvidada. Despierta haciéndome dormir, dejando en mis manos mi suerte y mi elección. Sueño y sonrío. Duermo y me encuentro allí. Vivo y camino.
A una quincena de ver y sentir que no es tan fuerte el dolor como para lamentarlo… que el azul no es tal azul si no es esa luz la que lo ilumina… que no hay estrella que no pueda hacer mía y llorarla para hacer de ella granos de arena que levantare y me envolverán a cada paso… no existe una noche interminable si allí amanece.
Ese calor llega hasta mí con el aire y pronuncia mi nombre. Yo caminare hasta encontrarme con la fuente de mi felicidad… y beberé hasta emborracharme de su dulzura siendo el mas exquisito néctar que nunca hubiera degustado.
Y podré sonreír libre de toda diplomacia porque será mi sonrisa la más natural.
Cohetes que rompen el cielo anunciaran mi llegada después de un año esperando, y Ella sabrá que vengo a verla… sin nada que ofrecer, sin nada que pedir… por el placer de saber que somos “nuestras”, Ella mía, y yo enteramente suya.